Insidious (James Wan, 2010)

 

A pesar de contar todavía con una escasa trayectoria fílmica, James Wan se ha convertido en una de esas jóvenes promesas que parecen destinadas a reformular las bases del cine de terror contemporáneo y que ha logrado incluso erigirse como uno de los autores de culto de cierto sector de la cinefilia adicta al género.

Wan inició sus pasos integrándose a la perfección dentro de una generación de cineastas que convirtió la tortura y el sadismo en las claves configurativas de un nuevo estilo de terror en el que se retrocedía a las bases estilísticas del cine de los años setenta y del american gothic al mismo tiempo que se asimilaba la esencia sadomasoquista y la brutalidad psicótica procedente de directores asiáticos tan influyentes como Takashi Miike, a través de un estilo mucho más sucio, áspero y seco, en el que la truculencia de la sangre y las vísceras volvía a tomar protagonismo después de haber sido relegada a un segundo plano durante la descafeinada década de los noventa. Directores como Eli Roth, Lucky McKee, Neil Marshall, Victor Salva, Marcus Nispel, Alexandre Aja, Rob Zombie y el propio Wan contribuyeron a revitalizar el género a través de ficciones cargadas de virulencia que de alguna manera pretendían convertirse en reflejo irónico de la siempre criticable enfermedad moral que asola las sociedades modernas. En parte, la primera entrega de la saga Saw dirigida por James Wan y escrita por Leigh Whannel venía a situarse como un fiel reflejo de ese efervescente panorama dentro del cine de terror norteamericano, sin embargo, el tándem pronto confirmaría que sus preferencias cinematográficas abarcaban registros diferentes a los practicados por sus compañeros del Splat Pack, asentándose en su siguiente film, El silencio desde el mal en territorios mucho más clásicos, llegando a emular de manera nostálgica los ambientes lúgubres y los personajes atormentados de la factoría Hammer y la Universal a través de un estilo que no por resultar más o menos mimético dejaba de conferirle una extraña voluntad de reescritura posmoderna.

 

 

En Insidious el mecanismo de reabsorción de los códigos pretéritos vuelve a ponerse de manifiesto asumiéndose de manera totalmente autoconsciente y premeditada, esta vez no solo para practicar la simple imitación, sino para reflexionar sobre sus propios límites. De esta forma, director y guionista evocan los clichés de las películas de fantasmas y posesiones demoníacas, casas encantadas y sesiones de espiritismo para ofrecer un arsenal de referencias cinéfilas que se convierten en uno de los festines de la función: desde la inevitable Poltergeist y las precursoras The Haunting (Robert Wise) y Carnival of Souls pasando por las diferentes versiones de Terror en Amitville hasta desembocar en el universo truculento de Clive Barker y en los ambientes bizarros y con un alto componente de surrealismo atmosférico heredados de Mario Bava y Dario Argento.Sin embargo, a pesar de practicar un constante ejercicio evocador hacia esas referencias ineludibles, el director consigue envolver la película de una poderosa personalidad que se pone de manifiesto desde el momento que percibimos el control absoluto que demuestra al orquestar una puesta en escena extremadamente precisa y una modulación temporal perfectamente sincronizada a las necesidades estilísticas en las que se divide la narración.

En la primera parte, Wan despliega un refinado mecanismo formal, clásico y armonioso, con movimientos de cámara elegantes que determinan sutilmente una progresiva tensión atmosférica que va desplegándose hasta explotar en una serie de secuencias en las que termina por desatarse el horror. El resquebrajamiento paulatino de una familia a partir de los misterios acontecimientos que comienzan a tener lugar a su alrededor, se encuentra en un primer momento narrado desde la mirada aterrada de la madre. Sin embargo, a medida que nos adentramos en la segunda capa de la película, ésta deja de tener protagonismo hasta prácticamente quedar diluida, convirtiéndose el padre, que hasta ese momento había permanecido desplazado, en el auténtico núcleo de la trama. Al mismo tiempo que esto ocurre, el director comienza a abandonar el orden estructural con el que había comenzado el relato para insertarse en los dominios de la anarquía estilística, como si poco a poco, el terreno de lo fantástico fuera cobrando protagonismo hasta llegar a un determinado punto en el que termina por ganar la partida. Nos adentramos entonces en un submundo en el que prima la confusión, en el que los fantasmas que antes aparecían como sombras adquieren contornos e intenciones precisas hasta insertarse dentro de un espectáculo de feria en el que la fuerza expresiva del grandguinyol, del absurdo, gana la partida a la razón.

Cahiers du cinéma-España número 46, junio 2011

One thought on “Insidious (James Wan, 2010)”

  1. De las mejores películas de terror que he visto en los últimos años, con un guión muy interesante, yo la acabo de ver en hbogo el fin de semana pasado con mi novio, las manos nos sudaban y yo no podía soltarlo del miedo. Ahora a esperar la segunda parte…

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