¿La chica de voz frágil?. Concierto de The Do en Madrid
Conocimos al dúo The Do hace unos años gracias al single On my shoulders, que se hizo enormemente popular en Francia, donde protagonizó incluso spots publicitarios. Sus integrantes son Olivia (finlandesa) y Dan (francés) y se conocieron haciendo bandas sonoras para películas indies, como ‘The Passenger’ (François Rotgen, 2005), con el guapo actor japonés Yusuke Iseya o ‘Camping Sauvage’ (Christophe Ali y Nicolas Bonilauri, 2005), con el gran Denis Lavant y la siempre morbosa Isild Le Besco, y para la más comercial ‘El imperio de los lobos’ (Chris Nahon, 2005), con Jean Reno. También se han internado en las composiciones para ballet y para teatro, lo que demuestra su versatilidad. Su música, una mezcla de ritmos, un cóctel de instrumentos que mezcla el pop, el folk, la electrónica, que practican la improvisación jazz (al menos en sus conciertos) y que derivan hacia los ritmos más psicodélicos y alucinógenos, incluso tribales de su último disco, es una verdadera explosión de matices y texturas, que abarcan desde lo más luminoso hasta lo más siniestro.
El pasado lunes tuvimos la oportunidad de verlos en la Sala Caracol y nos sorprendió la energía que desplegaron en el escenario. La aparente fragilidad de la voz de Olivia se convirtió en un verdadero torrente explosivo, capaz de alcanzar un espectro de timbres vocales inimaginados. Vinieron a presentar su último disco, ‘Both Ways Open Jaws’, compuesto por quince canciones que confirman la evolución del dúo hacia una mayor riqueza intrumental en sus canciones con respecto a su anterior disco, ‘A Mouthful’, en el que únicamente destacaban unas cuantas canciones. ‘Both Ways Open Jaws’ es doblemente rico y adictivo, con canciones como Gonna Be Sick!‘, el single Too Insistent, Bohemian Dances, The Calendar o Quake, Mountain, Quake, pegadizas desde la primera escucha y muy variadas, como si cada una supusiera una reinvención.
En directo brillaron todas ellas. Olivia imprimió personalidad al escenario (como la nueva Nina Persson que parece destinada a ser) y Dan un poco de locura. Entre todos, una gran riqueza instrumental: baterías, guitarra y bajo, dos saxos, teclados y toda clase de utensilios de cocina para la percusión, así como juguetes electrónicos para animar la función. Entre las primeras canciones introdujeron el trallazo ‘Slippery Slope’, y la cosa continuó en materia de éxtasis durante la hora y media de concierto (a excepción de un algo más alicaído dueto que formó con un artista invitado) hasta que culminaron en los bises con una versión de Dust It Off desgarradora y que a muchos nos situó al borde del delirio.
No se pudo pedir más a una noche en la que se demostró que la aparente delicadeza puede transmutar en un radical estallido de rabia y fuerza emotiva.
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