Un poco de pastel de media tarde
Muchas han sido las versiones cinematográficas que se han realizado sobre la novela de Charlotte Brontë, ‘Jane Eyre’. Y después de ver la última realizada por el californiano Cary Fukunaga, llego a la conclusión de que ninguna ha estado a la altura de las circunstancias.
En esta ocasión es la apática Mia Wasikowska quien se pone en la piel de la heroína romántica, y el supuestamente buen actor Michael Fassbender en la de Rochester. La pobre chica es más sosa y tiene menos sangre que una escoba y Fassbender, por mucho que reconozcamos que es muy atractivo y que tiene enormes atributos, lo cierto es que no logra desarrollar los matices de un personaje mucho más atormentado, inestable e impetuoso, arrollador, de lo que él proyecta en la pantalla.
En la nueva ‘Jane Eyre’ todo resulta demasiado relamido y descafeinado. El director parece más preocupado en pintar una postal con imágenes bonitas que puedan gustar a las lectoras del Vogue que en otorgarle a la historia toda su dimensión dramática. Por eso quizás se hayan elidido todos los capítulos más oscuros de la novela, no vaya a ser que resultara demasiado siniestra… Ni Jane Eyre tiene pinta de haber sufrido tanto, ni Rochester de estar sumido en la tortura existencial, y por supuesto también se ha suprimido la ambientación gótica de la mansión, el fantasma de la señora Rochester, la tensión malsana que genera en los personajes y todo el cúmulo de elementos románticos, más lóbregos, que sí estaban presentes, al menos, en anteriores adaptaciones. También se hecha de menos un mayor desarrollo de los personajes y una profundización en sus sentimientos: todo parece pasar sin transición alguna, sin ton ni son, sin evolución psicológica, sin el aprendizaje fundamental por el que va atravesando Jane Eyre durante la historia, sin que se vea por ninguna parte el deseo, la frustración, el miedo de los personajes. Por supuesto tampoco existe una crítica a la sociedad de la época (para qué meterse en tales reflexiones) y únicamente se expresa la libertad de la mujer como si se tratara de un anuncio de compresas.
A Mario le ha gustado sobre todo por el gorrito calado de las últimas escenas. A mí me ha parecido una ocasión desperdiciada de convertir este clásico en una película con nervio, potente, con estilo pero manteniendo ese espíritu incorruptible de la novela original para acercarlo las nuevas generaciones de espectadores.

PD: A pesar de todo, reconozco que la chica es mona y que el gorrito calado es enternecedor.
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