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About the Pink Sky (Sobre el cielo rosa) (Keiichi Kobayashi, 2011)

 

“Paisajes etéreos adolescentes”, crítica en Sensacine

“He sido una hipócrita y puede que lo siga siendo. Uno no puede disfrutar de lo bueno sin aceptar lo demás. Yo aún no he sido capaz de aceptar algo así”. Izumi, septiembre 2035. Con estas enigmáticas palabras, escritas en el futuro, se inicia esta escurridiza película japonesa que supone la ópera prima de KeiichiKobayashi, que él mismo también ha escrito y fotografiado en blanco y negro.

Nos encontramos pues en el territorio evocador de la adolescencia, en un tiempo pasado (de ahí la ausencia de color en las imágenes) que se rememora, no sé muy bien si con pretensión nostálgica o quizás como forma de recordar un instante crucial en el que se definió la personalidad de la joven que nos narra desde el futuro su crónica vital y sentimental de esos años contradictorios, erráticos pero muy experienciales de la pubertad.

No es la única duda acerca de las intenciones del filme que nos asaltará durante su metraje, y más tarde, cuando ya haya desaparecido de nuestros ojos ese efímero y breve humo de color de rosa al que se refiere el título y que simboliza un mundo mejor en el que no ocurre nada malo y en el que todo es hermoso, aunque en realidad no sea así. De eso es precisamente de lo que se dará cuenta cada uno de los personajes que aparecen en la película a partir de sus propias experiencias. Pero vayamos por partes.

‘About the Pink Sky (Sobre el cielo rosa)’ se insertaría dentro del género seishuneiga (drama juvenil), muy arraigado en Japón y de gran tradición a la hora de centrar numerosas películas alrededor de las inquietudes, inseguridades, esperanzas y pequeñas frustraciones de los adolescentes del momento. KeiichiKobayashi utiliza el subgénero para ofrecernos una panorámica en torno a los dilemas que lleva consigo el aprendizaje. El núcleo narrativo de la obra giraría en torno, precisamente, a una cartera que la protagonista encuentra llena de dinero, perteneciente a un estudiante de clase acomodada. ¿Qué hacer con ella? ¿Quedársela o entregarla a su dueño? Este punto de partida le da la oportunidad al director de abrir el esquema argumental en múltiples direcciones, pero quizás demasiadas, tantas, que al final no se sabe demasiado bien cuáles eran las intenciones o, si por el camino hemos logrado despejar dudas en torno a los personajes. Todo es, en cualquier caso, demasiado difuminado y etéreo, algo apático y desestructurado y un poco descafeinado.

A pesar de eso, la película tiene su interés, sobre todo a la hora de analizar la forma en la que los nuevos directores orientales intentan asimilar su propia tradición con los modos de representación occidental. En especial, ‘AboutthePinkSky (Sobre el cielo rosa)’ es heredera directa del indie americano. Muchas de sus secuencias están rodadas bajo un punto de vista documental, con largos espacios de tiempo aparentemente vacíos que tan solo se llenan a partir del seguimiento de la protagonista en su día a día. Hay referencia directa a los planos secuencia de Gus Van Sant en ‘Elephant’ (2003), y también percibimos una cierta influencia al estilo juguetón e inesperado de la primera nouvelle vague, así como unas gotas de tenue melancolía y una mirada un tanto ensimismada y poética que podría hacernos rememorar a películas fundamentales dentro del subgénero como ‘Hana and Alice’ (2004), aunque aquí no encontremos esa fuerza de arrastre de directores como ShunjiIwai o Hiroshi Ishikawa, esa capacidad emocional tan potente para crear paisajes anímicos o mentales.

En ‘About the Pink Sky (Sobre el cielo rosa)’ todo es demasiado evanescente, como el propio humo rosa, que es bonito mientras se ve, pero que realmente no tiene consistencia real y solo crea una pátina de belleza instantánea. Así es esta extraña película, tan difícil de definir como, también es verdad, repleta de pequeños detalles que nos mantienen pegados a la pantalla, aunque no sepamos en realidad muy bien hacia dónde nos conducen.

Al final, eso sí, terminaremos por saber qué nos quieren decir las primeras palabras de Izumi, nuestra particular heroína interpretada con gracia por AiIkeda. La joven aprenderá que para disfrutar de las cosas buenas que nos ofrece la vida, tenemos que aceptar primero las malas. Porque una cosa lleva contenida, en el fondo, a la otra, y la felicidad no puede ser plena si antes no se ha pasado por el dolor. Aunque ese dolor, sea de color de rosa.

A favor: Que este tipo de películas lleguen a las carteleras españolas.
En contra: Su indefinición. Aunque también en ese espíritu etéreo se encuentre su mayor baza.

Kinatay (2009) y Lola (2009), de Brillante Mendoza

 

 

En 2009 el director de origen filipino Brillante Ma. Mendoza alcanzó un notable reconocimiento internacional gracias a Kinatay, película con la que logró alzarse con el Premio al Mejor Director en el Festival de Cannes. Nos encontramos ante una película asfixiante, de naturaleza perturbadora, en la que el cineasta se sumerge en los males endémicos que asolan a la sociedad filipina al mismo tiempo que realiza un retrato desolador de la naturaleza humana. Comenzamos nuestro itinerario de día, y seguimos al joven Peping durante la jornada de su boda en un recorrido zigzageante por las calles de Manila, rebosantes de vida, de caótica y frenética actividad diaria. Es momento para la ilusión, para la esperanza de un nuevo camino que comienza (Peping está a punto de licenciarse como policía y espera un hijo de su ahora esposa). Un marco donde todavía tiene sentido la inocencia de la juventud. Pero llega la noche y se tiñe de sombras. Se convierte en el perfecto escenario para actuar con impunidad, para ejercer el mal. Peping acompañará a un comando de policía para completar sus prácticas en la Academia y ahí es cuando se encontrará de bruces con el horror. Sus nuevos compañeros, ejercerán la violencia y la extorsión a cambio de dinero, convirtiéndose en una peligrosa mafia callejera que contará con la impunidad del abuso de poder para conseguir sus propósitos. Un descenso a los infiernos, un viaje al corazón de las tinieblas y de la perversión moral, claustrofóbico y asfixiante, en el que el director demuestra un pulso narrativo impecable a la hora de mantener una malsana tensión ambiental, siempre al borde de la náusea, de la arcada emocional como fiel reflejo de los albores del fin de la civilización, que es precisamente lo que parece desprenderse del visionado de la película. Y es que no hay nada más apocalíptico que comprobar la perturbadora capacidad del mal para adueñarse de la especie humana.

 

 

Tras este durísimo viaje iniciático, Brillante Ma. Mendoza cambió de registro en Lola, un homenaje a toda una generación de mujeres que, aunque ya ancianas, han continuado constituyendo el núcleo más activo e implicado de la población, aquellas capaces de tirar de sus familias y de luchar por cada uno de sus miembros. Precisamente la cara opuesta del atónito joven Peping de Kinatay, mujeres curtidas por la vida a la que ya nada les sorprende y que tienen como único motor luchar por aquellas personas que aman. De alguna forma, Lola también escarba en las miserias de una sociedad huérfana de madres, en la que los hijos vagan sin un rumbo determinado. Lola demuestra la capacidad inquisitiva de Mendoza a la hora de utilizar la cámara en el seno de un escenario en continuo movimiento, tan vivo y desconcertante como las calles de Manila, practicando un estilo de raigambre social que le acercaría al cine de Ken Loach. Quizás le falte la rigurosidad y la concreción formal de Kinatay, y el sentido del humor que latía en Serbis, pero sin duda constituye una muestra del talento del director a la hora de elaborar una planificación secuencial milimétrica dentro del caótico polvorín que supone rodar en un paisaje urbano tan opresivo como agónico. Así, el empeño de dos abuelas (“lolas” según la jerga local), en ayudar a sus respectivos nietos (una para vengar la muerte de uno y otra para defender al asesino del otro) se convertirá en una pequeña odisea, casi como si de un film de supervivencia se tratara, que las enfrentará a las instituciones, a sus prejuicios y a su propia dignidad ética.