Tag Archives: Cine español

Kanimambo (Abdellatif Hwidar, Carla Subirana, Adán Aliaga, 2012)

 

“La bala, la mujer y la niña”, en Sensacine

Es normal que uno se acerque a según qué películas con precaución. Por intereses vitales, por simple conexión con aquello que cuentan o por necesidad absurda de ponernos un poco quisquillosos y gruñones. Puede que un film que se publicita con el subtítulo de “Tres visiones sobre Mozambique” seguramente solo llame la atención a un sector muy concreto de la población y cree suspicacias en otro. Y es una pena, porque realmente el espectador debería de llegar con la mirada igual de pura y vaciada de prejuicios para ver ‘Kanimambo’, al igual que los tres directores que la firman se han acercado a las diferentes historias que la componen de una forma muy humilde y sincera.

Es lo primero que se percibe cuando se comienza a transitar por ese film. No hay discursos, ni posicionamientos, ni reivindicaciones, tan solo un registro muy personal de una situación, de un país y de sus gentes.

Cada director adopta su propio estilo, y cada capítulo está impregnado de esa personalidad cinematográfica concreta. Y eso es lo bello y enriquecedor. Abdelatif Hwidar opta por la ficción a través de un relato en el que se destapan los fantasmas de la guerra y se abren las heridas del pasado; Carla Subirana vuelve a utilizar la primera persona, como en sus anteriores trabajos, para realizar un retrato de la mujer africana y situarla en el lugar que merece dentro de la sociedad, como verdadera base constitutiva, y Adán Aliaga utiliza a una niña sordomuda para ejemplificar el sentimiento de incomunicación y desorientación y sobre todo de incomprensión que puede generar el mundo que nos rodea. Tres sutiles aproximaciones de tres cineastas occidentales dentro de un panorama de desbordante riqueza y contradicciones que supone el país de Mozambique. Pobreza, enfermedades, más pobreza, servicios insuficientes, pobreza… todo eso está presente en “Kanimambo”. Pero en realidad estos microrrelatos podrían estar ambientados en cualquier país, porque de lo que hablan es de sacrificio, de superación, de entereza frente las adversidades de la vida y de lucha cotidiana por salir adelante. Me quedo con eso y con algunos instantes de excelente cine, así como con imágenes de gran poder simbólico: un niño llevando como puede a su padre enfermo al hospital, una mujer enferma de SIDA sacando adelante a su familia y la niña Joana acompañando por los caminos a un músico ciego, ambos seres desterrados de un paraíso que en realidad no existe.

A favor: El estilo de cada una de las historias y la personalidad tras la cámara de sus directores.

En contra: Los prejuicios existentes ante este tipo de películas.

Catálogo de las miserias humanas: Viridiana (1961), de Luis Buñuel

 

Además de ser considerada como una obra-gozne dentro de su trayectoria fílmica, Viridiana también se convirtió en una película decisiva para la Historia del cine español, el inicio de una época más proclive a la apertura que determinó el inicio de una regeneración de las normas de la censura.

Lo cierto es que el poder subversivo de la obra de Buñuel continúa permaneciendo intacto en la actualidad, de manera que siguen sorprendiendo planos tan osados como el que muestra a la novicia Viridiana quitándose las medias de manera sensual y descubriendo sus piernas, el que detalla cómo la joven coge entre sus manos, casi de manera pecaminosa, la ubre de una vaca e inicia un movimiento de connotaciones masturbatorias, o el que nos revela al personaje de Fernando Rey probándose el vestido de novia de su mujer muerta adquiriendo una dimensión fetichista. En realidad, toda la película se encuentra repleta de instantes con perturbadoras connotaciones sexuales que se agazapan bajo el subtexto narrativo: el  voayerismo de don Jorge, incluso de la pequeña Rita, siempre agazapada observando las perversiones a las que se entregan los adultos, la insistente perturbadora presencia de Ramona, primero consagrada a la fidelidad de su amo y después convertida en amante de su hijo, el masoquismo de Viridiana y su ritual religioso antes de dormir, con la cruz y la corona de espinas que más tarde terminarán por convertirse en fuego, el latente deseo presente en todos y cada uno de los personajes, el aliento fantasmagórico y necrófilo que late en la escena de la “violación frustrada” de Viridiana por parte de su tío, que contrasta con la fisicidad imperativa del posterior intento de violación que vuelve a sufrir la joven por parte de los mendigos, mucho más cruento y real…. Todo un sinfín de resonancias que confieren a la película de una rebosante densidad conceptual.

 

 

Buñuel lanza una mirada feroz contra la beatería,  la hipocresía que lleva implícita la caridad cristiana, la virtud eclesiástica y la pureza espiritual, todo ello representado en la figura de Viridiana y su choque frontal con el universo de los desheredados, del pueblo que pasa hambre, que tiene necesidades precisas y no siente respeto por las instituciones sociales y los remilgados modales parroquianos, que se enorgullece de sus bajos impulsos y que no tiembla a la hora de erigirse en verdugo de su benefactora. Viridiana se convierte en realidad en un sórdido catálogo en el que se exponen las miserias humanas, todos los personajes son en realidad mezquinos y ocultan su verdadero rostro bajo una pátina de hipocresía. Todos los personajes son cuestionados bajo la cínica mirada del director, que orquesta un cruel retrato de la España franquista, reconcomida por la culpa y lastrada por la represión y la sumisión; un retrato tan negro y cruel que podría asemejarse a cualquier pintura negra de Goya y del que no se salva ninguna de las clases sociales que aparecen.